martes 3 de enero de 2012

Pobreza y cambio climático.

Las perspectivas para los pobres en la nueva década que se nos avecina, no son nada de halagüeñas. Casi todos los expertos internacionales coinciden en que las “personas más vulnerables” (como se les llama ahora) particularmente mujeres y niñas, serán quienes sufran las consecuencias de los efectos del cambio climático.
La peor parte se la llevarán los campesinos, ya que la ecuación “pobreza-clima” se basa en que las lluvias serán cada vez más impredecibles, por lo que los pequeños agricultores tendrán más dificultades para cultivar los alimentos que necesitan.
La reflexión de los expertos de ONU es entonces la siguiente: “Si los desastres naturales son más frecuentes, serán los más pobres quienes estén más expuestos al hambre porque no cuentan con las estructuras de apoyo para su protección.”

Panorama negro para los niños
Un organismo como el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) calcula que el cambio climático será responsable entre 10 y 20 por ciento del aumento de personas con hambre para el año 2050.
También afirman que para el 2050 se espera que hayan unos 24 millones más de niños desnutridos como resultado del cambio climático. Casi la mitad de este incremento (unos 10 millones de niños) estarán en el África subsahariana.
Este cálculo se basa en que entre 1980 y 2006 el número de desastres relacionados con el clima se cuadruplicó y la tendencia seguirá en aumento.

Sin capacidad para enfrentar los cambios climáticos
Otro organismo, como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) señala en uno de sus recientes informes sobre el tema, que el número de personas afectadas por los desastres relacionados con el clima, “se espera que llegue a 375 millones por año para el 2015.”
Un dato clave, es que ya durante el año 2010, los sucesos y desastres extremos relacionados con el clima afectaron a unas 300 millones de personas, especialmente en países con poca capacidad para enfrentarlos.

Aumento del precio de los alimentos
Por otro limático, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Para el año 2030, el cambio climático podría aumentar los precios de los alimentos entre 50 a 90 por ciento más de llado, dos tercios de las tierras cultivables en África podrían perderse para el 2025 debido al cambio cque o de otro modo se esperaría que aumentara, de acuerdo con un reciente informe de la ONG Oxfam.

Trabajar para atenuar las consecuencias
Todos los organismos internacionales concuerdan, sin embargo, sobre el importante rol de las ONG, que conforman importantes redes de protección social, que ayudan a prevenir el hambre y la desnutrición durante y después de las crisis climáticas.

Rol preventivo de las redes sociales
Algunas herramientas puestas a disposición por los organismos internacionales en este punto, es ayudar a los gobiernos y a las comunidades vulnerables al cambio climático, a reforzar los mecanismos que permitan predecir los desastres naturales.
Un rol importante se espera de las redes sociales (ONG) para que ayuden a la población a prepararse a enfrentar los efectos del cambio climático, para amortiguar su impacto. Un desafío enorme, que no podrá tener éxito si no se cuenta con el compromiso de los respectivos gobiernos.

viernes 9 de septiembre de 2011

El día más feliz de El Salvador!

Cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Las manos de Rudis Gallo al cielo y las de más de siete millones de salvadoreños alrededor del mundo también. Desde ayer, la historia del fútbol salvadoreño nunca volverá a ser la misma.


A la par de los más grandes, junto al “Mágico” y “Cariota” hay que hacer lugar para un nuevo grupo. Hay que hacerle espacio “al Tin” González, a “Ronaldinho” Ramírez, a “Romario” Velásquez, a la selección de fútbol playa, que ha conseguido en poco más de una semana de ser un equipo de humildes –casi desconocidos– a ser los nombres más gloriosos en la historia de fútbol en el país.
Desde ayer, las historias más grandes que se contarán ya no serán las de los dos mundiales de fútbol once. Ya pasaron 41 años de México 1970 y 29 de España 1982. Desde ayer, la historia más hermosa que se podrá contar será la de Rávena 2011, en donde El Salvador fue grande a escala mundial. En donde El Salvador fue nuevamente el país de la eterna sonrisa.
El Salvador. El país de los 13 asesinatos diarios, el de los políticos a los que se les olvida lo inteligentes que pueden ser las mujeres, el de las pupusas diarreicas, el que prefiere recolectar firmas para comprar donas al 2 por 1 que recolectarlas en búsqueda de exigir verdaderos gobernantes y el del presidente que hizo esperar a la selección de playa durante más de una hora para entregarles el pabellón nacional en tiempo récord de seis minutos. Este país tan contradictorio es también tan hermoso que es capaz de parir por igual a todos los descritos anteriormente y, al mismo tiempo, parir a 11 guerreros que, contra todo pronóstico, han reescrito la historia del fútbol del país. Y quizá del mundo.
Porque hay cosas que nunca cambian. Siempre habrá favoritos y débiles. Siempre habrá dirigentes que se quedan con los viáticos. Siempre habrá locales favorecidos por los árbitros. Pero también siempre habrá un espacio para la esperanza, para la alegría –y cuando la locura lo amerita, hasta para la poesía– y para la sorpresa y la repetición eterna de la historia de cómo David venció a Goliat.
El Salvador nunca fue favorito ante Italia. Lo decía la historia, la localía de los “azzurri” y el árbitro. Hasta dos penaltis les regaló el ecuatoriano, pero ni siquiera eso fue suficiente contra el alma de los guerreros de playa. Si no le temen al mar, si no le temen a la falta de apoyo dirigencial, si no le temen a jugar contra futbolistas que sí son profesionales, cómo le iban a temer a Italia.
Italia tenía a Palmacci, pero El Salvador tiene a “Romario” Velásquez. Cuatro goles cada uno, pero solo un ganador. De todos los colores, para elegir, Frank voló en “palomita” y disparó de derecha, y cuando todo el país sufría porque veía cerca los penaltis disparó también de izquierda y Dios, por un segundo, se levantó la túnica para mostrar su camiseta azul. Debajo de la arena quedaron tiradas las ilusiones italianas, y en esa montañita de arena rebotó la pelota que quedó fuera del alcance del portero.
Las manos de los periodistas temblaron, las voces de los comentaristas se quebraron. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no existía una sola palabra para explicar esa sensación, ese sentimiento, esa pasión. Las redes sociales se inundaron de alegorías y celebraciones. Los cuetes de Año Nuevo y que últimamente solo suenan para el Real Madrid y el Barcelona reventaron por el logro histórico de la selección de fútbol playa. Algunos proponían crear la pupusa de pepperoni, otros jugaban la piedra-papel-tijera variando la regla a pupusa mata pizza. Para el país entero la vida fue bella, y cuántos no habrán deseado ir a orinar a los ríos de Venecia.
La excusa para el delirio y el festejo era perfecta. La Asamblea (cuándo no) suspendió la plenaria y festejaron por un momento, pero se les olvidó declarar día de asueto nacional para festejar. La Ley de Control del Tabaco fue más violada que nunca y hasta la contravencional que impide vender licor más allá de las 12 de la noche habrá, quizá, pasado a mejor vida.
Y todo gracias a 11 inolvidables. A la par del busto de José Matías Delgado que pongan el de Agustín Ruiz. A la par de la tumba de Manuel José Arce que entierren, algún día en el futuro, a Frank Velásquez. Al lado de las fotografías de todos los presidentes del país que pongan ahí la de Rudis Gallo. Que hagan 13 estatuas de oro (pero que esas no se las roben los ladrones) para Eleodoro Portillo, Wilber Alvarado, Tomás Hernández, Elías Ramírez, Agustín Ruiz, Baudilio Guardado, Medardo Lobos, José Membreño, Walter Torres, Élmer Robles, Darwin Ramírez, Frank Velásquez y Rudis Gallo. Los nuevos próceres de la patria. Los verdaderos padres de la patria. Héroes. Por una vez en nuestra vida, los salvadoreños podemos ponernos de pie y gritar a los cuatros vientos: ¡QUÉ HERMOSO ES SER SALVADOREÑO!
Tomado de La Prensa Gráfica.